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| Las Campanas de Hita |
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Cuando falta poco menos de un año para que nuestra campana más artística y antigua
de Hita, y que bajo en nombre evocador de Ntra. Sra. de la Asunción, cumpla su medio
siglo de existencia y por lo tanto de su sonar desde su albergada torre parroquial,
siempre vigilante y esperando a ser utilizada por algún campanero, cura o monaguillo, por
medio de su larga cuerda atada en el badajo o simplemente accediendo algún mozo
voluntario ante su fundido y pesado cuerpo para su Volteo, en señal de aviso de algún
acontecimiento religioso y festivo de esta villa que haga revivir los sentimientos de los
habitantes. Supone para mí un gran honor que todavía no me he ganado, el que la
dirección de este boletín de información local como es «La Troje» de Hita, y que tan
acertada y eficazmente viene editando, anualmente, la Asociación Cultural «Arcipreste de
Hita», me brinde la oportunidad de poder colaborar con unos pequeños «granos», a
manera de esbozos narrativos, lo que son muy brevemente las campanas de Hita; y como «En
la historia la madre de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo
de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia del porvenir», vaya mi
contribución con referencia a éstas y el pueblo de Hita.
Durante muchos años, las campanas de nuestros pueblos bien instaladas bajo las más
altivas y arquitectónicas torres o espadañas de iglesias, templos y santuarios, así
como las colocadas en estructuras férreas de los edificios destinados como
Casa-Ayuntamiento y de Concejo-Abierto, han constituido para los habitantes y su
desarrollo social y rural, principalmente, la autenticidad de vivir y servir cada día por
medio de sus diferenciados sonidos diarios, bien de los llamada, advertencia o
comunicación. No en vano, hay un dicho popular que decía algo así: «Un pueblo no es
considerado villa si no tiene torre su iglesia y ésta, a su vez, no cuenta con pila
bautismal y la llamada de una campana».
Afortunadamente, la villa de Hita se encuentra sobrada de fueros y villazgos que se
pierden más allá del esplendoroso medievo, hoy todavía visible en sus piedras y para
orgullo de sus pobladores los cuales vienen desarrollando con gran arraigo y
tradicionalismo en cada uno de sus ciclos agrarios y anuales con que cuenta cada una de
sus más ancestrales fiestas y celebraciones, algunas de ellas a través de la llamada o
el sonido de sus campanas y sobre las cuales figuran las siguientes inscripciones:
1. - Es la más pequeña pero, a su vez, la más artística, que bajo la evocación de
Ntra. Sra. de la Asunción, fue fundida por los Hnos. Rosses Vidal, Valencia, para la
villa de Hita en el año 1944.
2. - La otra campana figura en su cuerpo bien visible la siguiente leyenda o inscripción:
«SE MANDO FUNDIR ESTA CAMPANA POR ORDEN DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE REGIONES DEVASTADAS Y
REPARACIONES POR MANDATO DE NUESTRO CAUDILLO FRANCISCO FRANCO, EN LA FUNDICIÓN, VIUDA DE
CONSTANTINO LINARES, MADRID AÑO 1951».
Volviendo al principio, hay que señalar que las campanas han servido sin ninguna duda
durante muchos años como la mejor comunicación entre los vecinos y estas campanas, hasta
no hace muchos años, se venían utilizando desde que amanecía, en cada uno de sus
cometidos sonoros, ya fueran de tipo religioso, local y social o en cualquier
acontecimiento festivo o de desgracia y a las que se unía, naturalmente, las existentes
junto a los relojes colocados en las mismas torres o, por su parte, casas-consistoriales
de la propia villa ofreciendo sus toques horarios.
Así por ello, el llamado toque Del Alba era el primer sonido que se daba al hacerse la
luz primera del día y muy vinculado con la vida rural y de trabajo. La conocida como De
Misa Diaria se ofrecía sobre las primeras horas de cada día por medio de los tres toques
tradicionales de que constan los avisos o llamadas a los fieles, a los cultos y actos
religiosos. De Mediodía se tocaban las campanas, bajo un sonido llamado de aviso, para
que las mujeres prepararan la comida. Los labradores o jornaleros del campo y la
ganadería, que se encontraban faenando en sus campos o dando pastos en el término a sus
ganados, desataran el yugo a las yuntas y regresaran al pueblo si el tajo estaba cerca. Si
éste se hallaba más lejano, entonces, lo hacían para comer y descansar. Toque de
Rosario, pasada la tarde, se tocaban las campanas para rezar un rosario el que se
encontraba en su oficio y el que podía acercarse al templo rezar junto a los altares del
correspondiente santo del día. Toque de Oración, más popularmente conocido como la hora
del Ángelus, a parte de ser el último toque del día, era la hora también de dejar el
trabajo y regresar al pueblo y su casa para descansar.
Por otro lado existían los toques denominados como de alarma o avisos urgentes, en los
que se ponían de manifiesto, con un repiqueo nervioso e incontrolado, que algo grave
ocurría en el pueblo, ya fuera un incendio, un accidente humano, la pérdida de algún
vecino o algún suceso inoportuno.
Un poco más triste solían y lo son los toques denominados De Entierro, De Clamor, De
Animas, De Difuntos o Del Día de Todos los Santos por haber muerto algún ser querido, su
celebración religiosa, un tanto lenta y dolorosa como un lamento y que se hace siempre
que alguien del pueblo ha fallecido, que junto al llamado de ánimas De Clamores son
acompañadas por las campanas más pequeñas y peor sonantes.
Como cierre a estas breves explicaciones sobre las campanas que, sin duda, han tenido
útiles sonidos en las vidas cotidianas de los habitantes de cada pueblo, existían unos
toques que se daban cuando comenzaba la primavera y durante unos meses o cuando se
avecinaba una fuerte tormenta, eran los toques rutinarios de todos los días, se
convertía en un repique ligero y alegre al menos de dos campanas al son de una música
antigua que se conocía como el Toque del Tintilinublo.
Francisco Lozano Gamo.
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