| Libros |
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En este pequeño escrito, Vicente Belenguer narra sus
experiencias como sacerdote en Hita y otros pueblos vecinos
durante la posguerra.
Comienza su relato explicando las circunstancias que le
condujeron hasta estas tierras. Vicente Belenguer ejercía la
labor de misionero en Suan-hwa-fu, perteneciente a la Mongolia
interior en China, cuando en Europa estalló la II Guerra Mundial
y sus superiores decidieron su vuelta a España, lo que le supuso
cruzar el Océano Pacífico, América del Norte y el Atlántico,
ya que el paso por el Mediterráneo estaba cortado.
Ya en España, pronto solicitó al Arzobispo de Toledo ser
enviado a las parroquias más pobres y desolladas en Guadalajara.
Así llegó a Hita en 1943.
Sobre sus doce años de estancia en estas tierras relata los
problemas de distinto tipo que le afectaron en su quehacer
diario. Recuerda también la introducción de la radio en Hita,
cuando mucha gente todavía no la conocía y la popularidad
alcanzada cuando se emitían partidos de fútbol o corridas de
toros.
Otro punto a destacar es la diferencia de criterios que mantuvo
con el organismo estatal Regiones Devastadas por la restauración
de la Iglesia de San Juan en vez del templo de San Pedro.
En el texto aparece también reflejado la mentalidad y la forma
de vida en este periodo en el que Hita empezó el lento camino de
recuperación tras el maltrecho estado en que quedó a causa de
la Guerra Civil.

| Poesía |
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Vivo mirando a Hita ilusionada
en su balcón de piedra a veces paro,
y me asomo a los pueblos y comparo
el todo de la altura con la nada.
Vivir es caminar en escalada
subir, subir la cuesta sin reparo,
y mirar a la cumbre como faro
que deslumbra de lleno la mirada.
Hita es el ideal de los repechos
grada de altar, regazo de camino
donde los ojos de la tierra velan...
para ver desde arriba los barbechos
para sentir la luz de lo divino
y soñar el paisaje que revuelan.

Cansado subo al castillo
en un nuevo amanecer
impaciente como un crío
que no desea crecer.
Florece mañana cálida
de domingo veraniego
perfume que emana espliego
en nuestra ladera árida.
Sentado en vieja muralla
de pálido y triste cerro
con gran impaciencia espero
ver el sol esta mañana.
La corta noche acabó
me lo dijo el corazón
con una triste canción
el viento se lo llevó.
Se dejan ver dulcemente
primeros rayos de calma
solitaria queda el alma
enfermando dulcemente.
Sale ya dorada esfera
de este sol abrasador
tan grande es su resplandor
que su ardiente luz me deja.

Tristeza en el corazón
sin saber porque razón,
ver el tiempo pasar
y la ilusión marchar.
El sueño se desvanece
y la realidad aparece.
Heridas en el corazón
abiertas por la razón,
querer no es poder
querer sin poder.
Un día las esperanzas se acabarán
y entonces la vida desaparecerá.

| Pasatiempos |
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Sopa de letras
A L B E R T O E S M T E E
J O S E I G N A C I O Q U
O O I P O D N E R G E D A
S C S C I T O N D U E L A
E T R E O O J E S E B A S
L E G N A A L E S L D E C
U S I E N L U I S A U N H
I O A S G V B F E L I C U
S E S F E A J E S U S I C
E S T A L R S A R A U L H
T O D O S O L O S T H I I
T E Ñ F E R N A N D O O S |
15 jugadores del fútbol-sala y su entrenador.
Adivinanzas
El que lo hace lo hace cantando, el que lo busca lo busca
llorando y el que lo disfruta no lo ve. ¿Qué es?
Soy rey que impero en toda la nación, tengo 12 hijos de mi
corazón, de cada hijo 30 nietos, mitad pares y mitad prietos.
¿Qué es?
Chistes
Un señor entra a una tienda:
"Hola. ¿Me da un paquete de chicles?"
"¿Bang-Bang?"
Vale gracioso, me ha matado y ahora deme un paquete de chicles.
Era un niño tan feo tan feo que en lugar de traerlo una
cigüeña lo trajo un buitre.
Soluciones a las adivinanzas: El ataúd y El año
Concurso
Encontrar el Tesoro
En el lugar donde indica al flecha hay un camino, pues bien, en
la margen izquierda según se viene está el tesoro consistente
en el libro Castillos de Guadalajara.
La fotografía es del término de Hita.
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