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nº 14 Agosto 1994

La Endrina y otros juegos

Recordar la niñez suele traernos un sabor agridulce, el de la nostalgia, apesadumbrados miramos a través de un opaco cristal, el del tiempo, que año tras año se empeña en ir acotando nuestros recuerdos hasta dejarlos en sentidos básicos; ese aroma, ese sabor, esa luz, o aquel sonido, son llaves para acceder a diferentes películas de nuestra infancia. En nuestra infatigable lucha por no envejecer nos sumergimos en diferentes juegos imaginativos tratando de esquivar esas horas, días, meses que pasan a toda velocidad surcando nuestra piel, haciéndonos participes de una contrareloj constante. En cuantas ocasiones nos hemos acercado a un mundo vetado ya para nosotros, el mundo de los juegos, eso si desde fuera, contemplando a los chavales, observando nos damos cuenta de un derrocho incalculable de imaginación y fantasía que por otra parte "mejor lo hacíamos en nuestros tiempos" frase a la que recurrimos constantemente para recordar que también nosotros fuimos pequeños. Si examinamos con detenimiento nuestras costumbres cotidianas nos hallaremos inmersos en otro mundo, otro juego, más serio si cabe, pero en definitiva otro juego, el de las apariencias, al fin y al cabo el tablero en el que desarrollamos el resto de nuestras vidas. Permitiéndonos en muchas ocasiones el lujo de criticar el juego ajeno tachándolo de mejor o peor sin darnos cuenta que las únicas normas que realmente lo rigen están basadas en el tiempo, cuando este acabe el juego habrá terminado. Es por ello que debiéramos en determinadas ocasiones sopesar en que grado hemos de dar importancia a nuestra apariencia. En Hita contamos con un día anual en el que tenemos la oportunidad de jugar realmente a nuestras anchas, disfrazándonos a la antigua usanza y tratando de emular una época de la que realmente poco conocemos, sin lugar a dudas me refiero a la Endrina, día sin par en el que se mezclan las fantasías de grandes y chicos, todos jugamos, unos a ser caballeros de la villa, otras a ser damas, quizá princesas, en cualquiera de los casos supone tal libertad imaginativa que nos eleva al nivel de niños. Hasta aquí todo es perfecto, si no fuese claro esta por que en la mezcolanza imaginativa de la Endrina se funde el doble cuerpo de la apariencia, hemos de quedar bien, y es por ello que todos los años tenemos una serie de funciones o espectáculos destinados a ello y a ellos es decir; es maravilloso que nuestra villa se vea reflejada en la prensa con su fiesta medieval, que vengan políticos y turistas, que nuestra fiesta sea conocida . Sinceramente me enorgullezco cuando en otras tierras hacen mención a nuestra fiesta y denotan su intención por no perdérsela en el año próximo, pero examinado sus palabras nace en mí la duda, no solo esta lo pintoresco esta también latente el deseo de participar en el juego y nosotros sin ser conscientes de el nos dejamos arrastrar por lo pintoresco, por la apariencia. Ya jugamos menos, la fiesta se centra en actuaciones repetidas año tras año, no innovamos nada, no imaginamos y quizá solo quizá , cuando el juego termine lo haga también la fiesta.

Ángel Núñez


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