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nº 17 Dic. 1999
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nº 17 Diciembre 1999

Un Peregrino Jacobeo de Hita en los siglos XV-XVI

Un poco  de historia

De forma muy esquemática diremos que, Santiago el Mayor era hermano de San Juan Evangelista, hijo de Zebedeo y Salomé, y además uno de los apóstoles predilectos de Jesús.
Le tocó en suerte predicar el evangelio en estas tierras nuestras de Hispania, donde permaneció por espacio de dos años, los lugares de predicación fueron Bracara Augusta (Braga), Iria Flavia (Padrón) y Caesaraugusta (Zaragoza), en esta ciudad, la Salduie Ibérica, se le apareció la Virgen María (la Virgen del Pilar de Zaragoza).
Después de su periodo de predicación, Santiago regresó a Palestina, donde años mas tarde sería mandado ejecutar por orden de Herodes Agripa, rey de Judea. Sus discípulos más directos recogieron su cadáver y lo trasladaron al lugar donde mayor número de seguidores había tenido su peregrinación, siendo este lugar Iria Flavia, en la región de Gallaecia.
Cuenta la tradición que una familia hispanoromana, bien posicionada, donó un sepulcro en el que se depositaron los restos del Apóstol. En los siglos sucesivos se desvanece el recuerdo de este traslado e incluso, se pierde la memoria de la localización del mausoleo, hasta que en el S IX, en tiempos de Alfonso el Casto, el obispo de Iria Flavia, llamado Teodomiro, recuperó el culto hacia los restos del Apóstol. De esta forma nace la peregrinación hacia el sepulcro de Santiago, esta peregrinación de los primeros tiempos sería de un ámbito local o comarcal, para después ir aumentando paulatinamente hasta alcanzar el gran auge que en los siglos XI y XII consolidan el Camino de Santiago en una peregrinación de dimensión europea.

La peregrina jacobea

Para los cristianos de la época medieval, Santiago de Compostela es uno de los tres lugares de peregrinación de importancia capital, junto con Jerusalén y Roma. En los primeros tiempos la peregrinación a estos lugares se hacía como un verdadero acto de fe cristiana y como una práctica meritoria para la vida espiritual del cristiano. A medida que fueron transcurriendo los tiempos, los motivos que animan la peregrinación Jacobea se fueron diversificando y, además del propio de la peregrinación como una mejora espiritual, el "Camino de Santiago" también se hace como una ofrenda por un "favor" recibido, como agradecimiento por un "bien" alcanzado, o para cumplir una penitencia impuesta como redención por la culpa de algún pecado. Igualmente entre las causas de la peregrinación se encontraban el de cumplir una condena impuesta por el Tribunal de la Inquisición, y por último hay que incluir a los "peregrinos" que se "echaban al camino" donde poder vivir de una forma marginal a base de practicar la delincuencia, el pillaje y todo tipo de abusos y atropellos sobre los verdaderos peregrinos.
En los siglos finales del gran auge del Camino Jacobeo (siglos XIV y XV) hay otra modalidad de peregrino, son aquellas personas, (generalmente hombres), que "hacen el camino" por encargo de un tercero, tal es el caso de nobles, burgueses y artesanos, que habiendo prometido peregrinar a Santiago, no pueden cumplir con este voto debido a las razones de su estado o de su actividad profesional. A estos hombres que hacen la peregrinación por encargo de otros, se les conoció con el apodo de "palmeros" (portadores de un ramo de palma) o bordoneros (portadores del bordón o bastón de la persona que les encomienda la peregrinación).

El atuendo del peregrino

A lo largo de los años el atuendo del peregrino jacobeo se fue "normalizando" y haciéndose universal la composición de su indumentaria, así el hábito o sayal pardo se complementa con los siguientes elementos:

bulletCapucha larga con bolsita de piel o escarapela, ésta no debería tener ataduras, queriendo representar en ella la generosidad del peregrino hacia los compañeros del Camino.
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Bordón o bastón con la punta de hierro, que ha de servir de apoyo y auxilio en los tramos y puertos difíciles del camino y también como defensa contra las alimañas, que no de forma infrecuente, podían inquietar con su acoso al peregrino.

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Calabaza hueca, a modo de recipiente que contenga algún líquido para poder mitigar la sed del caminante; generalmente, se simboliza atada al bordón.

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La Concha, este atributo pertenece a los peregrinos que ya han llegado a Compostela y que caminan de regreso a sus lugares de origen. Esta concha (su nombre científico es Pecten maximus) se la conoce vulgarmente como "vera" y Plinio decía que en ella había nacido Venus.
El simbolismo de la concha representa, para el peregrino jacobeo, la generosidad que debía acompañarle el resto de su vida, como virtud adquirida por su peregrinación a Compostela. La forma de esta concha viene a representar una "mano abierta", en actitud de donación.

Todos estos atributos distinguían al verdadero peregrino del resto de los "transeúntes" que confluían y pululaban en el Camino de Santiago.

Testigo de un peregrino de Hita

Las conchas de peregrino, las "veras", que los peregrinos cosían en su gorro o en su esclavina, era el justificante que acreditaba realmente el haber llegado a Compostela. La gran afluencia de peregrinos a Santiago hizo que la venta de estas conchas fuese un floreciente negocio, llegando a tal extremo que dio origen al oficio de "conchero".
Los concheros se instalaban frente a la catedral y allí procedían a vender la preciada "credencial" a todo aquel que había culminado con éxito la peregrinación. La gran demanda y venta de estas conchas hizo que llegaran a escasear las de origen natural, por lo que fue necesario fabricarlas de algunos metales, siendo las más frecuentes las de bronce, estaño y plomo. Estas conchas, bien naturales o metálicas eran, como ya se ha dicho, la justificación de haber finalizado el Camino de Santiago, y que el peregrino, a su regreso a casa, mostraba con satisfacción a parientes, amigos y vecinos, incluso en algunos casos se les atribuía a estas conchas cierto "poder" de curación y de ayuda en casos de necesidad.
Entre los objetos de interés arqueológico que hemos recuperado del castillo de Hita, contamos con una pequeña concha de bronce, cuyas dimensiones y aspecto se muestran en la fotografía y el dibujo que ilustran este trabajo. Si bien este objeto en la actualidad sólo conserva la parte mayor del cuerpo de la concha (seno paleal), cuando esta pieza fue encontrada presentaba también una de las aletas laterales. Con motivo del Año Santo Compostelano de 1999 (1), organizado por la Consejería de Cultura de la Xunta de Galicia, se celebró en el Pazo de Xelmirez de Santiago de Compostela una exposición del Arzobispado de Santiago, en la que se podían contemplar todo tipo de objetos relacionados con las peregrinaciones jacobeas a lo largo de todos los siglos de su existencia (Códices, documentos, imágenes, ornamentos, relicarios, atuendos, ofrendas, etc.)
Entre la gran variedad de objetos que allí pudimos apreciar, llamó nuestra atención de un modo muy especial, un estrecho cinturón de cuero negro de un peregrino alemán, datado en el Siglo XV, que estaba adornado con varias conchas de bronce (2). Las conchas de este cinturón eran en forma y tamaño muy similares a la que hemos descrito, encontrada por nosotros, hace algunos años, en las ruinas del castillo de Hita.
La similitud de "nuestra" concha con las de este cinturón, que es un objeto con datación contrastada en el Siglo XV, así como el lugar en que la encontramos, nos hace suponer (como hipótesis) en la existencia de un peregrino jacobeo de Hita en el entorno de los Siglos XIV - XV. Lo que ya no podemos precisar, es si este peregrino lo fue por voluntad propia o, por el contrario, hizo la peregrinación por encargo de otra persona; esto es, si hizo el camino como un verdadero devoto, o lo hizo como "palmero" o "bordonero".

NOTAS:

]ª) La intención de los autores de este trabajo es que el mismo se publique, si procede, en el último número de la Revista "La Troje" dentro del Año Santo Compostelano de 1999.
2ª) La peregrinación jacobea
está muy presente en cualquier región de Alemania, estando muy extendida la tradición de
bendecir el atuendo del peregrino antes de la partida, especialmente el bordón y la escarpela.

Fotografía que muestra el tamaño de la concha con relación a una moneda de cinco pesetas y dibujo que ilustra el aspecto original y sus dimensiones.

Ángel Romera Martínez - Carlos Romera Valladares


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