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| Bodegos |
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¿Soñar? No, soñar no. Imaginar.
Hay que imaginar el futuro recordando el ayer. Esas hoquedades artificiales,
trabajadas con el cuerpo retorcido a fuerza de riñón y acero, moldeando el
aposento en el durísimo légamo de nuestro cerro. Hoy, no necesarias, agonizan
cegando la erosión sus frontispicios, en completo abandono, acaso sin dueños:
los bodegos.
Pero ese trabajo de quienes los horadaron, esa atalaya donde se ubican, ese
blanco de greda, esa casa en el subsuelo, ese paisaje, esa corta distancia a la
urbe en ese singular aposento debería ser motivo para que nos fijáramos en su
utilidad en estos tiempos.
Si un pueblo con pocos recursos olvida esos pocos, es como confiar en el tiempo.
¿Fruto? Los años de retraso por no acometer ni debatir aunque sólo sea el
intento. Problema, sí. Difícil, sí. Yo no sé el futuro que podrían tener.
No me atrevo. No sé si albergues o rurales aposentos u otra imaginación que
alguien tenga con más acierto. Problema, sí. Por eso hay que acometerlo.
Plantearlo donde sea menester. Madurarlo. Sólo así la erosión, las aguas y el
tiempo no acabarán con lo que tan sólo ayer fue un socorro para los sin techo.
Pero los bodegos son algo más, mucho más si nos remontamos en el
tiempo. Más tanta palabrería acaso no llegue al sentimiento. No comunica el
que quiere sino el que sabe; por eso unos versos, tan sólo unos versos, los
últimos de un poema que Beatriz nos dejó en un libro inspirado íntegramente
en nuestro pueblo, les motive más que mi bien intencionada perorata. Lean:
"De su propio misterio tienen miedo. Como viejas desdentadas resuellan
calladas por sus bocas, temiendo el despertar de la alborada. ...
las cuevas tienen miedo de morirse solas...
Gerardo Gil Sanz
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