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| Son de Corazón |
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Llega la luz a bañar tu cuerpo, se queman mis manos en la
fragua de tu vientre, tus labios frescos se abren en un temblor de deseo. Son
tus suspiros la suave brisa que mi playa azota, ojos febriles como el mar,
persiguiendo el agua. Tu beso es el celo, la dentellada salvaje de las ganas.
Esto tengo, tu perfil labrado, y en el aire trazo la suave línea que marca la
frontera donde te asedio, el combate carnal de los extremos, para el alma tengo
el pan de tus caricias que comulgo.
Quedará mi cuerpo, para siempre, en la trinchera de tu lecho, muerto de
recuerdos, anudado suavemente con el hilo frágil que teje el tacto, acompañado
de tu ruido, el golpe hueco de tus latidos que llaman en mi pecho. Y mirarnos
sin vemos, si acaso el brillo de la mirada cómplice que invita a no esquivarla
y a dormirse plácidamente en la cuna de tus pestafías; juntar las bocas y
recordar el sabor del olvido, sin querer saber que hay otro mundo donde la
verdad es un cuchillo que la mentira empuña. Vivir este amor que nos aborda y
golpea enfurecido y que se apaga y agota, que resurge y quema, este amor
bravío, este amor sereno, este amor tan absoluto. Hablo y no digo nada, callo y
lo digo todo; cuantos lenguajes, cuanto corazón y cuanta sangre hay en estas
letras, cómo se atora el deseo aquí ... en la garganta, cómo el manantial
rompe la tierra y las flores rasgan en los valladares. Que borrachera de
palabras que se van atropellando y lo encierran todo, que sensación tan leve
saber que el alma dicta desde la cabeza. Ensueño tan ligero y fugaz de ver
acariciar la pluma a la cuartilla como el beso a los labios que le esperan, la
mirada a los ojos que le miran, me vigilas como a una presa, me dejo perseguir y
lo sabes, por eso me buscas en cada gesto; tu nariz, en un reflejo nervioso,
hinche sus cañones siguiéndome el rastro. Me gustan tus brazos al cielo, por
si vuelo. ¡Tus ojos! Que arrebatadora vida, que expresión tan perfecta, guardo
tu cuerpo en el recuerdo que no deja de ocupar el espacio en que te habito; tu
imagen y tus huellas permanecen veladas en todos mis sentidos y en las cosas que
gobierno.
Nómbrame con tu voz de miel y agua para mecerme en la lira de tu canción,
necesito pronunciar tu nombre para saber que estoy vivo; si existes, existo...
José Ignacio Blas
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