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| Te Miraré a los Ojos |
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El único certificado de garantía que posees para convencerte
de que yo mismo soy tú son mis ojos, sólo has de aprender a
mirarte en ellos, a corroborar el brillo y la llama, el hielo y
el vacío. Dominar la pequeña distancia, el espacio infinito que
puede ser lo que separa los ojos con que miras a los ojos con que
te ven. No diré más, la valentía es directamente proporcional
al escalofrío de mirar a los ojos sin dudar, sin vacilar, sin
desviar la mirada buscando la huida. Cuando dos amantes esconden
sus pupilas y no aguantan deslumbrarse es que el amor huyó de
sus corazones. Y seguir por seguir engordando la metáfora
podría hacerlo, pero quiero quitarle retórica al asunto ya que
sólo pretendía seguir denunciando, ahora que llega el invierno
con el olvido, a toda la horda residual de E.T.A. A todos esos
zombis de ojos sin brillo porque no miran, porque no ven, porque
ante todo tienen y sienten la vergüenza y son cobardes. Son
simples fascistas, valga el tópico, y no entienden algo tan
simple como que la persona, el sujeto, posee la absoluta potestad
sobre la duración de sus días. Él, sólo él o la naturaleza,
y no unos niñatos instruidos en una filosofía tan pija y tan
sanguinaria, tan brutalmente manierista y de dibujo animado que
les lleva a confundir sin distingos tierra y libertad. Su causa
de burgués paranoico, de esquizofrénico vertical, va contra la
vida, contra las causas que merece la pena vivir: el amor, el
diálogo, la convivencia, los sentimientos... Contra su sarna
sólo cabe entender que tras el horizonte se sigue respirando.
José Ignacio Blas.
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