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| Una Nueva Mentalidad
Empresarial |
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Cuando nos encontramos en un entorno económico abierto o
competitivo en detrimento de un entorno cerrado, un economista de
empresa debe actuar bajo dos aspectos: reasignación de recursos
(que es volver a asignar todos los medios humanos, materiales,
económico-financieros, etc, para adaptar la empresa a un nuevo
entorno abierto que se caracteriza por situaciones cambiantes, en
donde el éxito lo consiguen las organizaciones eficientemente
constituidas) y, como segundo de los aspectos, cambiar los
comportamientos (mentalidades). En entornos cerrados, donde el
mercado juega un papel escaso y donde no existen muchas
alternativas, el cálculo económico se hace desde dentro de la
empresa. Existe una única empresa para dar un determinado bien o
servicio (son los llamados monopolios como fueron los casos de
SEAT, REPSOL, IBERIA, RENFE, ENDESA, TELEFÓNICA...). El
consumidor no tiene opción a elegir entre varios bienes o
servicios, aceptando sin más paliativos el precio, la calidad y
la cantidad que vienen dados por la empresa. Además, estas
economías cerradas y protegidas eran ineficientes porque no lo
hacían al menor coste. En España este entorno ha durado
prácticamente hasta la entrada en el Mercado Común,
permaneciendo todavía algunos restos en nuestra actual
economía. En entornos abiertos al libre mercado, el cálculo
económico se hace desde la empresa hacia el exterior (el
mercado); habrá que ver que necesidades tiene este mercado; ya
no hay monopolios y por tanto el precio se marca según la
eficiencia de la empresa, es decir, ya no existen precios
inflados que el monopolista fija libremente jugando a su antojo
con los márgenes. Por tanto, en una economía abierta, la
empresa debe ser eficiente para ser competitiva en el mercado, es
decir, tiene que fabricar con el menor coste posible para ofrecer
un producto con el precio que los consumidores están en
condiciones de pagar de acuerdo con las características de dicho
producto. Hoy en día nuestro entorno económico tiende a ser
abierto y dinámico: el mercado cambia continuamente; lo que
importa es el día a día; cambia la tecnología (que suele
mejorar la productividad); cambia los gustos de los consumidores,
etc. Para mantenerse en este mercado o introducirse en él habrá
que observar donde podremos ser diferentes. Diferentes a la hora
de prestar un bien a un servicio (diferencias en precio o
calidad). Sin embargo, lo más complicado es ejecutar la
transformación de un entorno a otro. A la hora de pasar de un
mercado no dinámico a uno competitivo, lo difícil es cambiar
las mentes humanas. Las actuales formas de organización exigen
una nueva estructura, pero llevar a cabo esta transformación no
basta solamente con cambiar el organigrama en un papel, sino
también que esos nuevos comportamientos y esas nuevas actitudes
derivadas del cambio sean asimiladas por todos los miembros que
forman la empresa (trabajadores y directivos). Según mis
convicciones, esto se consigue con una información correcta y
directa: las capas altas de la empresa se deben integrar en todas
las líneas, conocer sus problemas y sus defectos. Por tanto, y
resumiendo, todo cambio de una economía cerrada a una abierta
necesita, en un primer lugar, el cambio de comportamiento
(mentalidad) de la línea directiva.
Una vez conseguido o asimilado en este nivel, son éstos quienes
tienen la responsabilidad de saber implementar correctamente el
cambio. Son ellos, los directivos, los que deben integrar al
trabajador en el proyecto, hacerle partícipe de la empresa, que
la sienta como algo suyo, contar con él en la toma de
decisiones... Recordemos que son los trabajadores quienes
verdaderamente conocen las virtudes y los defectos del producto
y, por tanto, son ellos quienes también pueden mejorar su
productividad. En realidad, sólo se considera el éxito
empresarial cuando el cambio o una determinada estrategia sea
asumida por todos los integrantes de la corporación. Y esto es
como decir que existe MOTIVACIÓN entre los miembros de la
empresa. Un trabajador motivado asume sin dificultad la cultura y
la filosofía de la empresa: sabe cual es la línea de actuación
y a donde quiere llegar la empresa; se identifican con unos
determinados valores... De todo lo reflejado podría concluir
afirmando que una empresa sobrevivirá en un mercado tan
turbulento como el actual si se preocupa de aspectos tales como
EFICIENCIA, REASIGNACIÓN DE RECURSOS, DIFERENCIA, MERCADO, para
que una vez entablada esta línea utilizar verdaderas políticas
de motivación e integración (políticas sociales). Y todo ello
dentro de un marco en el cual el estado sea capaz de garantizar
una equitativa distribución de la riqueza por medio de un eficaz
ESTADO DEL BIENESTAR.
Alberto Rojo.
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