|


























| |
Crónica del XXXI
Festival Medieval de Hita |
 |
El sábado 6 de julio la fiesta de la Endrina atrajo
a un público numeroso que seguramente supo apreciar, además de
los actos ya tradicionales, la principal novedad de esta
edición: unas actuaciones itinerantes protagonizadas por una
familia de "zíngaros". A esta familia formada por
músicos, juglares, bailarinas y malabaristas, la dio vida el
grupo Gusarapo que junto a las casi 300 personas vestidas con
trajes de época, botargas y dulzaineros consiguieron crear una
gran ambientación así como incrementar el sentido festivo y
popular del festival. Otra interesante iniciativa partió de
Radio Hita y consistió en grabar y emitir el día del Festival
una cinta con música medieval en la que se anunciaba el programa
de actos. Empezó la tarde con una actividad fuera de programa:
la posibilidad de visitar distintas bodegas y bodegos en el cerro
de Hita. El alarde, desde la plaza al palenque, fue el primer
acto oficial que dio paso al torneo en el que participaron cinco
caballeros. La escenificación del combate de Don Carnal y Doña
Cuaresma cerró el torneo. Llegó seguidamente la hora
de la merienda y los visitantes pudieron degustar migas
castellanas, caldereta, tortas de anís, cerezas de la huerta del
Arcipreste y pan preñado. No faltó el buen vino como el que
hace siglos se criaba en las tinajas y bodegos de Hita. Mientras
unos daban gusto a su paladar, otros se acercaron a visitar el
Rincón de la Asociación Cultural en el que se podían ver
puestos con frutas, especias, gallinas en su corral, juglares,
verduras, cerería, telas y encajes y también un nutrido grupo
de artesanos de la Escuela de Folclore de Guadalajara. Al caer la
noche, la Agrupación Artística Antorcha representó "El
laberinto amoroso", obra en la que Don Manuel Criado de Val
nos presentó la imagen de la mujer medieval basándose en textos
de Bocaccio y del Arcipreste de Talavera. Ya de madrugada y tras
la simulación de una venta de esclavos en la plaza, todas las
personas vestidas de época acompañaron a la procesión de las
ánimas hasta las Ruinas de San Pedro para dar buena cuenta de un
banquete a base de cordero asado, con el que se puso punto final
al evento.
 |
 |
|