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| Y al fin, el verano |
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"Nunca llueve a gusto de nadie", dice
el refrán popular, y mucho menos en el julio y agosto tórridos del verano, llegó el
estío y con él, D. Lorenzo, impío.
Serán esas noches bochornosas bañadas en sudor, hechas nuestras sábanas un sudario bien
ceñidito, será la cama el lecho de un "faquir", donde no se encuentra la
compostura ni posición placentera, esas noches en las que se acaba fumando un cigarrillo
asomado a la ventana del infierno, en busca de un soplo que sofoque nuestro incendio, sin
encontrar sino un regimiento airado de mosquitos con la aviesa intención de taladrarnos
las carnes para saciar su sed, se entretendrán con la carnaza si se lo permitimos hasta
dejarnos exangües, sin haber evitado que nos provoquen un prurito con el que pelearnos el
resto de la noche, sacándonos la piel a tiras de la picazón.
Tras la noche del eterno suplicio, caeremos lentamente mecidos en los brazos de la Aurora,
conciliando el sueño en sus frescos brazos, dulce impás de cuatro o cinco horas que se
irá transfigurando de nuevo en un sofocante despertar, todo gracias a que D. Lorenzo
despidió a patadas a la dulce Aurora, a que las gráciles avecillas despertaron para
alegrarnos la mañana y el dulce zumbar del vespino, pasó bajo mi ventana.
Me levantaré jurando y perjurando, y abrasándome la boca con el café, muerto de sueño
y cansancio, gratinados en mi alcoba "grill".
Para colmo de mis desgracias, tal vez deba acudir a la piscina: remultiplicar el cansancio
jugando con una pelotita en el agua, eso sí, también tiene sus ventajas, podré sofocar
mi ardor interno con el agua que engulla de todas las "aguadillas" sufridas, y
curaré en salud si no me muero al digerir disuelta en el agua, alguna meadita, los
trocitos de piel desprendidos, los moquitos, las tiritas, los ungüentos miles
antilorenzo. Si consigo salir vivo del "lavadero", mi cuerpo no resistirá sin
quedarse traspuesto al sol, y al despertar, ¡Oh, sorpresa!, ¿Qué es ese color tan
rosadito de tu piel?, Lorenzo te habrá cocido sin compasión. Y cuando me retire
moribundo al intentar salir de la piscina, me escurriré en la escalerilla abriéndome la
crisma, me picará una avispa, tal vez me raje el pie con un cristal, o ¿por qué no?,
apagaré una colilla con el "culo"...
Una vez en casa hemos de comer para reponer fuerzas, si se tercia un suculento
"cocidito madrileño". ¡Bueno, bueno!, no quiero tampoco caer en el masoquismo,
una ensaladita, un gazpachito.
Después con la digestión y el cuerpo hecho una piltrafa, este te pide a gritos una
siestecita, pero de nuevo el calor y la "Dama de Rosa" vendrán a aguarnos
el
descanso.
Cuando Lorenzo nos deje, que no su presencia bochornosa, nos atusaremos y peripondremos,
rechupetearemos nuestra cabellera con agua para conservar frescos los sesos si es que
todavía no se han evaporado, después en cualquier terraza se nos derretirá el
"cucurucho" en nuestra camisa radiante y luciremos una hermosa mancha,
ineluctable distintivo de los veranos "jodidos".
Nuevamente caerá la noche y hemos de sacar fuerzas de flaqueza para aguantar en precarias
condiciones hasta las tres o las cuatro de la madrugada, que es cuando únicamente
se puede
vivir, porque después hemos de volver a fatigarnos y desvivirnos en nuestra infernal
habitación.
Pero no acaba aquí la neurosis estival, ¡que va, que va!:
- Serán esos asfálticos y automovilísticos, donde se consumen miles de condenados
usuarios.
- Serán esas salmonellas y diarreas galopantes.
- Serán esas quemaduras en la piel en busca del tostado que les reporte algún piropo.
- Serán esas piernas, brazos y costillas rotas debido a la sportmanía veraniega,
(surfing, motociclismo,etc.).
- Será el carismático desdén del funcionario, quemados por la asfixia.
- Cundirán las gripaciones de motor y reventones de neumáticos.
- Expirará el canario por olvidarlo expuesto en la ventana a las tres de la tarde.
- El abuelo sufrirá un ataque asmático, todo gracias al calor.
- La novia se desmayará al pie del altar, y todo gracias al calor.
- El niño se nos deshidrata, y todo gracias al calor.
- El agua no hay quien la beba, si antes no pasa por la nevera.
- Cualquier fruta del tiempo, es una bomba térmica en el paladar.
- Se secará algún río, y todo gracias al calor.
- Y, en general, gracias al calor, sube la temperatura de la paciencia y el temperamento,
y así cunden los cabreos y nadie aguanta a nadie.
- Y lo peor de todo y que más me preocupa, es que gracias al calor, se llegan a escribir
"chorradas" tan descomunales como este contenedor de palabras.
¡Ay, cuando llegará otra vez el invierno!
P.D. Nada de todo lo dicho ha de tomarse en serio, pues gracias al calor, cuando escribía
todo esto:
1- Me picaba el cuerpo.
2- Sudaba como un pollo.
3- Me moría de sed.
4- Me picaban las moscas.
5- Y, era tal mi cabreo, que no dejaba de acordarme de la Santa Madre que dio a luz a tan
procaz bestia como es el VERANO.
J. I. B.
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