Es difícil analizar el cómo y el porqué del camino recorrido por la
Asociación Cultural en estos quince años. Es lógico que haya distintas
opiniones, y quizá todas con su parte de razón. Sin embargo, no dudo a la hora
de evaluar sus resultados en un marco que todos bien conocemos: Hita y sus
gentes. En primer lugar la creación de la Asociación Cultural y su
funcionamiento ininterrumpido durante quince años supone un hito en la historia
de Hita. Nunca el espíritu asociacionista se había manifestado de una forma
tan clara y manifiesta; aquella ilusión de 1985 se ha logrado mantener salvando
un problema que es fundamental: la renovación. En este sentido las personas que
tomaron la iniciativa de ofrecer un espíritu asociativo en nuestro pueblo
triunfaron en un aspecto fundamental: supieron ofrecer a la sociedad de Hita un
sentimiento de asociación que transcendiera a ellos mismos, que calara en las
gentes de Hita. Para justificar esta afirmación, una prueba: la Asociación en
sus quince años de existencia ha conseguido un cambio generacional en cuanto a
las personas que tienen la responsabilidad de dirigirla. Del mismo modo, la
entidad se ha incorporado a la vida y al sentir de Hita.
En otro sentido, siempre he considerado que toda muestra de asociacionismo
tiene un propósito común con cuatro vertientes: aprender, enseñar, dar y
recibir. El contenido de estas palabras es el puntal básico de una vida con
sensibilidad social. Con sus defectos, estos quince años han servido
para aprender, enseñar, dar y recibir aspectos, que la sociedad española en
general, y la sociedad de Hita en particular, han tardado en reconocer y
comprender.
La Asociación, como institución, ha conseguido tener cabida
en nuestra sociedad cercana, en nuestro día a día, en nuestra cultura, en
todas y cada de nuestras personalidades. Mención especial para La Troje. Decía
el editorial de la publicación número 12, en agosto de 1993: "... y en
ese empeño nos hemos puesto a trabajar un grupo de jóvenes por creer que no
sólo es una forma de llenar nuestros días de asueto, sino también y más
importante, ser una vía más de comunicación entre todos los que formamos esta
comunidad llamada Hita".
Por último, no voy a exaltar ahora, por supuesto, el
esfuerzo que nos ha permitido vivir quince años más juntos, más sociales,
pero si quiero decir que entre todos hemos construido los cimientos de una
estructura para el desarrollo de una vida marcada por valores sociales y de
convivencia, sobre todo, de convivencia.
Alberto Rojo Blas