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| Invierno en el Alma |
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En mi oscuro refugio, junto a las llamas encantadas del hogar,
hacía guardia, desvelado mi sueño por una noche celestina que
anunciaba el negro invierno aullando sin fin.
El viento, a fuerza de soplar, se convirtió en compañero y su
melodía lastimosa calmó mi soledad. En un instante, de aquella
noche eterna, miré en mi interior y recordé a mis amigos: la
paloma compañera que dormía en lo alto de la torre; el mochuelo
vigilante en su viejo olmo; los gatos traviesos, acurrucados en
el fondo del pajar y también el perro y el caballo soñando en
el establo.
Ellos, como yo no tenían miedo aquella noche. No temían al
viento, ni tan siquiera al invierno, sembrador de oro blanco en
nuestros campos.
La nieve fría, llegó pero no nos heló el alma. Nos trajo como
una buena amiga, unas gotas de paz y alegría.
Al amanecer, con las primeras luces inundando las cumbres, mis
amigos corrieron a jugar con el Sol, sobre los campos cubiertos
de la mañana.
La paloma voló, buscando el horizonte. El mochuelo nos dio los
buenos días antes de acostarse. Los gatos saltaron sobre la
nieve, formando un corro detrás del perro y el caballo que
caminaban hacia el valle. Yo fui con ellos y todos juntos hicimos
un muñeco de nieve para saludar a la Navidad, por haber vuelto,
un año más, a pasar el invierno con nosotros.
JANFRY.
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