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Julio 2002
Escenarios de Leyenda
Un apasionante viaje...

Un apasionante viaje en el tiempo

La Botarga, seña de identidad del Festival Cuando el viajero llega a Hita, lo primero que siente es el inevitable peso de su historia. Pasear por sus calles, llenas de embrujo, encanto y magia, le sumergen en atmósfera propia de otra época. Y todos estos encantos naturales que posee Hita se elevan a la máxima potencia con la llegada de una nueva edición del Festival Medieval de Hita. Lo primero que puede hacer quien llega hasta la villa del Arcipreste en este 

día, es tratar de refrescarse con la visita a los diferentes bodegos y bodegas de los que está atravesado el cerro de Hita. Estas construcciones, auténticas joyas monumentales, son claro ejemplo del esplendor que la industria vinícola tuvo en la villa durante la Edad Media. Sus paredes, perefectamente talladas con armonía cuasi-escultórica, rezuman historia y leyenda por los cuatro costados. Una vez embelesados con el frescor de las bodegas, puede ser buena hora de deleitar el paladar en los "figones" instalados en las Ruinas de la Iglesia de San Pedro. Los mesoneros tratarán de reponer las fuerzas del visitante con el servicio de exquisitas viandas regadas con buen vino.
A primeras horas de la tarde, cuando el sol de julio todavía muestra su inexorable potencia, es la hora del encuentro, de la charla previa, de la acogida: es el Alarde en la plaza del Arcipreste. Bufones, doncellas, caballeros, clérigos, mendigos, hechiceras, magia y encanto se dan cita en la soportalada plaza mayor de Hita. La vistosidad de los trajes de época se entremezcla con el ronroneo de los cascabeles que portan las Botargas, antiquísimos vestigios de la mitología ibérica presentes en los Festivales de Hita desde sus orígenes.
De la plaza al Palenque. Tras contemplar el desfile encabezado por los caballeros que minutos después se retarán en las Justas, el visitante llegará al recinto cuadrangular que, al pie de la muralla, acogerá el Torneo

La espetacularidad de la Edad Media protagoniza el desarrollo del TorneoDesciende la procesión por la empinada cuesta del Paseo de Caballos. El séquito serpenteante y colorido, encabezado por los nobles y caballeros que tomarán parte en el Torneo, se dirige hacia el Palenque; en él desfilan también las huestes de D. Carnal y Dña. Cuaresma; el ciervo y el cerdo, el toro y la perdiz, la liebre, el conejo…. , el mero y la sardina, el calamar, el bogavante y el pulpo, juglares, trovadores, bufones, malabaristas, trapaceros, campesinos, artesanos, hijosdalgo, doncellas, menestrales, lazarillos, caminantes, todo el gentío llegado para presenciar el gran acontecimiento. En el ambiente se mezclan, funden y desafinan la música de las gaitas, flautas, dulzainas, violines, rabeles, zanfonas, atambores y tamboriles. Majestuosos los corceles, enjaezados con sus gualdrapas y protegidos por férreas pecheras; cabezales y colleras martillean el suelo arrancando chispas del pedernal y emulando con sus cascos el fragor hueco de los tambores de batalla. Los caballeros en sus monturas se yerguen impasibles, firmes bajo sus estribos y pertrechados para justar; ceñido al cuerpo el escudo grabado con sus armas, las afiladas lanzas desafiando al cielo y al cinto la espada que le armó caballero, cotas de malla protegen su cuello, brazos y piernas y sobre éstas: guanteletes, brazaletes, corazas y yelmos copados por cimeras. Lucen, bordados en sus cotas de armas, emblemas y blasones de su estirpe y linaje, el heraldo que les acreditará para tomar parte en el Torneo. 

Fuerza, leyenda y honor se dan la mano sobre la arena del Palenque

Enfilan ya por la cañada empujados por el cortejo impaciente, siguen los  malabaristas, bufones y músicos entreteniendo el paso; las botargas con sus máscaras demoniacas y chillona vestimenta tratan de asustar a la chavalería que despavorida se escabulle torpemente.  Todo acaba y la tarde cae sobre el cerro de Hita. El frescor de estas horas hace muy apetecible dar un paseo por las calles de la villa y empaparse de medievalismo. Es posible que un mendigo le pida limosna, que alguna hechicera le pronuncie algún conjuro, que algún ciego le recite un romance épico, que un tragafuegos le sorprenda en una esquina o que algún bufón le anime con una de sus ancestrales bromas. La música, elemento imprescindible de los Festivales de Hita, estará presente por las calles de la villa. Es otro tiempo, es otra época. Es el embrujo de la Edad Media. Un momento único en donde todo será posible, y que alcanza su mayor grado de espectacularidad al anochecer. Las noches medievales de Hita serán recordadas por el visitante durante mucho tiempo. La luz del fuego, las sombras, los sones y la leyenda le sumergirán en lo más profundo del sentimiento bajomedieval. Ahora sí que se consuma este viaje en el tiempo que es el Festival Medival de Hita. Representación de «La Divina Comedia»
Se abre el telón. Se percibe cada vez más cercano el murmullo de la plebe que abarrota el graderío, en unos instantes el rumor es nítido y cercano, ya pisan las cabalgaduras la arena del Palenque; tras de sí y lentamente, el cortejo recorre el campo saludando al aforo, atronan trompetas y tambores que inundan todo el recinto, ondean en sus mástiles pendones y estandartes, coloridas pinceladas inquietas suspendidas en el aire. En el otro flanco, al socaire de la muralla y su baluarte apuntando a poniente, se despliega la tribuna que se extiende hasta levante abrazando este extremo, y en su opuesto, al fondo, se alza el palco donde se hallan los regentes y el conde valedor de este Torneo. Es este Palenque vetusto campo de batalla y afrenta, desigual rectángulo de arena, piedra, madera y cielo, imperecedero fiduciario de donde hace más de 600 años atrás otros caballeros se justaran como hoy. 
El campo del Palenque ha quedado desierto, los caballeros se han retirado y todo el cortejo ha ido encontrando hueco para presenciar lo que acontecerá; los cachivaches de competición, castillete, estafermo, anillas y armeros tachonan la vista. 
Pero antes de inaugurar estos juegos mundanales tendrá cabida en este Palenque una batalla mucho más excelsa, la que librarán el Espíritu y la Carne. Al lado del primero lucharan las huestes de Dña. Cuaresma, y por la Carne se batirá la mesnada de D. Carnal. La virtud, la diligencia, la mesura y la rectitud se enfrentarán a la concupiscencia, la indolencia, el exceso y la veleidad. Singular contienda dirimida a lomos de destartalados carromatos guiados por sus alféreces. Habrá un vencido, un vencedor y un punto de equilibrio encarnado en el Amor.

El Conde anfitrión toma la palabra, cotejados sus heraldos, anuncia a cada uno de los caballeros, pregonando su nombre y rango, solicitando su presencia en el campo. A partir de aquí tendrán que demostrar su fuerza, habilidad y valentía que les ha hecho dignos en el campo de batalla, mostrando su puntería con el venablo en el Castillete, el temple con la lanza para ensartar las Anillas, la fuerza y el arrojo en la acometida contra el Estafermo. No solo está en juego su honor y su nombre, también su hacienda, su cabalgadura y sus armas…. , que lo son todo, por eso no habrá tregua ni concesiones, ser derrotado es ser deshonrado y despojado. La afrenta casi está servida de antemano y la justa a muerte inevitable. Son estos Torneos acontecimientos desaprobados por el Rey y la Iglesia, para el primero sus mejores guerreros y vasallos perecen por una causa huera, para la Iglesia derramar sangre entre cristianos por albedrío era meritorio como para desterrar sus despojos fuera de Tierra Santa.
Cuenta un viajero que anduvo por Alemania, que hacia el año 1.245 en el cantón de Neuss murieron hasta ochenta caballeros en un solo Torneo. Aquel torneo se celebró a campo abierto en un terreno de varias millas y en él tomaron partida dos ejércitos de hasta cien nobles cada uno; la conquista ficticia del territorio era la victoria, pero durante esa lucha el caballero apresado debía entregar su caballo, armadura y espada y satisfacer una recompensa para su liberación… . 

 El Teatro Medieval de Hita tiene como escenario la plaza del ArcipresteAl caer la noche acuden las gentes a la plaza de la villa dispuestas a contemplar una representación a la luz de las estrellas.
El teatro es el acto central y de mayor peso en la programación del Festival Medieval de Hita desde su comienzo en 1961. Los textos escenificados, en su mayoría adaptaciones de las grades obras literarias de la época, pertenecen en su totalidad a la pluma del profesor Manuel Criado de Val, alma máter del Festival. 
"Doña Endrina", versión escénica del Libro de Buen Amor, fue la primera obra representada en Hita. Juan Ruiz, el misterioso arcipreste y todos sus personajes: Trotaconventos, Don Melón, Doña Endrina, Don Carnal y Doña Cuaresma han tomado vida a través de este teatro 
"¿Os acordáis de la vieja Celestina?", "Mio Cid Campeador", "Don Quijote no es caballero" o "La Divina Comedia" son quizá algunos de los títulos más representativos estrenados en Hita.
En este intento de recrear la vida medieval, la plaza mayor a caballo entre plaza castellana y fortaleza se transforma año tras año en campo de batalla, palacio, convento... escenarios donde se mueven reyes, alcahuetas, juglares... La sociedad medieval en su conjunto cobra vida en la plaza de Hita. En las plazas escuchaba y disfrutaba el pueblo de las cantigas y leyendas que contaban y cantaban los juglares. 
Al igual que en las representaciones juglarescas, la música juega un papel fundamental en el Teatro Medieval de Hita. Las composiciones creadas por Gregorio Paniagua y Cristóbal Halffter

rescatan los sonidos de antiguos instrumentos: el rabel y la guitarra morisca, el salterio, las sonajas de azófar... La música incita al espectador a viajar en el tiempo y en el espacio. Las obras representadas en esta plaza muestran la vida de unos hombres y mujeres cuyos pensamientos y comportamientos se asemejan en gran medida a los del hombre actual . El amor y la muerte, la espiritualidad y la superstición, el sexo, la violencia, el poder y la corrupción son temas universales muy presentes en el Teatro Medieval de Hita. Termina la representación, y de nuevo un espectacular palenque recibe al visitante con los brazos abiertos, preparado para el desenlace de las Justas que han quedado abiertas por la tarde. Las luchas tanto a pie como a caballo gozan de una tremenda espectacularidad con la sombra de la noche hiteña. Una noche que nos lleva de nuevo, y como colofón al Festival, a las ruinas de San Pedro, donde una suculenta cena de época espera a los visitantes ataviados con indumentaria del medievo. Así termina su viaje por la Edad Media, un tiempo de luces y sombras que se revive en Hita, aunque no es necesario acudir a esa "resurrección". La esencia del medievalismo pervive para siempre en la villa del Arcipreste.


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