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| Se Van Perdiendo |
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Sí, era una tradicional fiesta que se venía celebrando en este pueblo
principalmente por los más pequeños. Una tradición que si bien un poco
atípica y grotesca rozaba el tono de los carnavales, una fiesta, no cabe duda,
de la que deberíamos estar orgullosos de celebrar, una tradición que si no me
engaño sólo este pueblo poseía en España, sí es cierto que una vez leí en
el Buscón de Quevedo una especie de fiesta que guardaba un gran parecido con
nuestra fiesta, eran las «Carnesblendas» en las que un muchacho era erigido
como rey de gallos y montado a caballo seguido de su cortejo se paseaba por las
calles del pueblo armando alboroto, seguidamente el rey con su espada acababa
con la vida del gallo. Efectivamente, como muchos ya se habrán dado cuenta me
estoy refiriendo a la fiesta del gallo, que anualmente se venía celebrando y
que este 1988 ha pasado desapercibido o mejor dicho ha sucumbido ante la espada
del tiempo que una vez más ha segado una ilusión. La fiesta del gallo en este
1988 dijo adiós y puso punto final a su largo galopar por todas las
generaciones de muchachos de esta villa. ¡En fin! La realidad es esa y habrá
que repetir aquello de: "si se veía venir, haber no hay chicos". Y
esa frase lo explica todo, porque en realidad es un hecho visible y palpable, la
desertización demográfica de los pueblos cada vez va a más, a partir de la
revolución industrial del 60 surgió un proceso de emigración causa de la
desertización actual. Lo cierto es que difícil va a ser sino imposible volver
a rememorar dicha tradición, porque ya venía tambaleando años atrás y este
1988 ha sido la meta de su caminar. Anteriormente, en tiempos de nuestros
abuelos había 2 gallos, uno de chicas y otro de chicos e incluso 4:
mozos-mozas, chicos chicas y en cada grupo había más de 20. De algo que estoy
seguro es de las palabras de mi abuelo: "¡Qué fiestas aquellas, madre,
qué fiestas!"
José Ignacio Blas
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