Muchas son las personas y muchas también las veces que se paran y nos
paramos a pensar y a reflexionar sobre el sentido de la vida, sobre el sentido
del mundo, y bien cierto es que si alguien no lo ha hecho todavía está a
tiempo para que no pase por esta vida igual que un trozo inerte de roca, o un
perro, porque si hay algo en lo que en realidad nos diferenciamos las personas
de no ser sólo materia y carne como esos animales es en que pensamos, sentimos,
razonamos,... Y este razonar es que nos hace darle un sentido a nuestra vida y
que nos hace seres móviles con algo más en nosotros que no sea comer, dormir,
trabajar.
Muchas han sido las explicaciones científicas y filosóficas que se han
intentado dar al tema de la concepción del mundo y del hombre, principalmente
filosóficas, teorías que por el hilo han ido sacando el ovillo pero que
siempre han tenido que recurrir a un Dios para explicar el principio y fin
primordial de todas las cosas. Las demás filosofías empeñadas en dar una
explicación puramente racional se han visto encerradas en un callejón sin
salida. Más aún son los fallos cometidos por la venerable ciencia del
progreso, por ejemplo la medicina se debate sin saber explicar por qué la
felicidad o la tristeza y tantas y tantas otras cosas. Volviendo a lo de
antes toda explicación del hombre y del mundo tiene que reconocer como
principio un Dios, un Dios infinito, inmaterial, sólo esencia, idea, abstracto,
para dar una idea: algo así como la Justicia que no se puede ver, tocar, oler
pero sí sentir. Pues bien tenemos ya una visión muy vaga de lo que es un Dios.
Ya no podemos decir aquello de que si la ciencia no nos resuelve el problema,
tampoco nos lo resuelve Dios, y es que si nos resolviera los principales
interrogantes ya no seríamos personas, seríamos dioses o mejor dicho no
seríamos pues llegaríamos a formar parte integrada de la materia de la esencia
de todo lo cognitivo, no habría vida pues seríamos vida propia, y aquí reside
el reto del hombre, alcanzar el mundo de las ideas o esencia una vez muerto el
cuerpo y liberándose el alma o bien intentar descubrirlo por la ciencia
mundana, por la razón limitada, que sólo se vale del cerebro y sin duda alguna
este tiene que ser impulsado por un motor, tiene que ser asistido por algo
superior a él. Si en realidad hemos llegado a la rueda imperfecta de piedra a
la de aleación metálica, por citar un ejemplo, es porque alguien o algo ha
administrado información a su cerebro. Poniendo un ejemplo, tu serías incapaz
de hacer una multiplicación si jamás te enseñaran o te introdujeran en el
proceso. Con este estudio muy superficial y "a lo que salga" como
decía Unamuno trato de aclarar un poco las mentes turbias como la mía que
andan divagando, confundiendo términos y teorías y admitiendo tal vez falsos
juicios sobre lo que se desconoce. Pero ¿no me podría haber equivocado al
admitir este juicio? Total simplemente soy José Ignacio Blas. Pero también se
equivocaron y tuvieron sus fallos Platón, Descartes, Hegel y son lo que son: ¡Ilustes
filósofos y famosos científicos de la Humanidad!
José Ignacio Blas