Menú anterior
nº 6 Agosto 1988
Editorial
Toros 88
Est. demográfico
Coplas
P. Romana...
Festival Medieval
Plantas...
Humor
Agricultores
Menú
Encuesta urb.
El Futuro...
Juventud
El Tiempo Pasa
Confusión
Era Sta. María
San Pedro
Teatro
Pág. Infantiles
Tristeza y crítica
Entrevista
Encuesta Gu.
Miscelandia
nº 6 Agosto 1988
nº 6 Agosto 1988
nº 6 Agosto 1988

Páginas Infantiles
Cuento

El Gallo «Kiriko»

Erasé una vez, un gallo tan presumido y orgulloso, que siempre andaba cacareando, diciendo que era el más valiente. Un día un pequeño arroyo cubierto de hierbas y basuras le rogó: ¡Ayúdame! Saca esta hierba para que pueda correr libremente. El gallo respondió ¿crees que no tengo otra cosa que hacer? Arréglate solo amigo.
También desdeñó ayudar a un pequeño fuego que le imploró ¡por favor ayúdame! Échame unas ramitas con tu pico o pronto moriré. Pero el orgulloso gallo contestó: voy a la ciudad y no debo entretenerme, ¡allá tu si te extingues por falta de leña! Tampoco quiso ayudar al viento que se había enredado en las frondosas ramas de un nogal, cuando le suplicó, puedes desenredarme y seguiré mi curso ¿por qué no lo haces? Porque no me importas amigo viento, le contestó. Voy a la ciudad a lucirme.
Pero en la ciudad tuvo mala suerte y fue a parar a una parrilla, contestándole el agua, cuando solicitó su ayuda: tu no quisiste ayudarme cuando en el campo era un arroyuelo ¡ahora te asarás ahí, porque tampoco socorriste al fuego y dejaste que aquella pequeña hoguerita se apagara! Un viento fuerte entraba por la ventana de la cocina y al ver que iba a morir asado el gallo olvidó su orgullo y le suplicó ¡sácame con una de tus fuertes ráfagas de aquí, señor viento! El agua no ha querido ayudarme y el fuego tampoco, ¡consumirá mis carnes!
Con una de sus ráfagas el viento hizo que el chorro de agua cayese sobre la parrilla donde se asaba el gallo, apagando el fuego, pero le recordó: tampoco me ayudaste cuando yo estaba enredado en aquel frondoso nogal del bosque. ¡Ahora te llevaré conmigo gallo orgulloso!
Soplando con fuerza le hizo salir por la ventana de la cocina arrastrándole sobre los tejados de toda la ciudad y haciéndole exclamar agradecido: gracias, gracias señor viento, ¿cómo podré pagarte lo que haces por mí? Y el viento contestó algo burlón: sirviendo de veleta para indicar a los hombres de donde soplo y cual es mi dirección.
Y desde entonces podemos ver en muchos edificios que un gallo que debió ser también orgulloso paga su soberbia haciéndoles este servicio a los hombres.


© 2004-2009 A.E.P.D.P. Hita (Guadalajara) - Aviso Legal - Inicio
Comentarios y sugerencias: