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Páginas Infantiles
Cuento
El Gallo «Kiriko» |
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Erasé una vez, un gallo tan presumido y orgulloso, que
siempre andaba cacareando, diciendo que era el más valiente. Un día un
pequeño arroyo cubierto de hierbas y basuras le rogó: ¡Ayúdame! Saca esta
hierba para que pueda correr libremente. El gallo respondió ¿crees que
no tengo otra cosa que hacer? Arréglate solo amigo.
También desdeñó ayudar a un pequeño fuego que le imploró ¡por favor ayúdame!
Échame unas ramitas con tu pico o pronto moriré. Pero el orgulloso gallo
contestó: voy a la ciudad y no debo entretenerme, ¡allá tu si te extingues
por falta de leña! Tampoco quiso ayudar al viento que se había enredado en
las frondosas ramas de un nogal, cuando le suplicó, puedes desenredarme y
seguiré mi curso ¿por qué no lo haces? Porque no me importas amigo viento,
le contestó. Voy a la ciudad a lucirme.
Pero en la ciudad tuvo mala suerte y fue a parar a una parrilla, contestándole
el agua, cuando solicitó su ayuda: tu no quisiste ayudarme cuando en el
campo era un arroyuelo ¡ahora te asarás ahí, porque tampoco socorriste al
fuego y dejaste que aquella pequeña hoguerita se apagara! Un viento fuerte
entraba por la ventana de la cocina y al ver que iba a morir asado el gallo
olvidó su orgullo y le suplicó ¡sácame con una de tus fuertes ráfagas de
aquí, señor viento! El agua no ha querido ayudarme y el fuego tampoco,
¡consumirá mis carnes!
Con una de sus ráfagas el viento hizo que el chorro de agua cayese sobre la
parrilla donde se asaba el gallo, apagando el fuego, pero le recordó: tampoco
me ayudaste cuando yo estaba enredado en aquel frondoso nogal del bosque.
¡Ahora te llevaré conmigo gallo orgulloso!
Soplando con fuerza le hizo salir por la ventana de la cocina arrastrándole
sobre los tejados de toda la ciudad y haciéndole exclamar agradecido: gracias,
gracias señor viento, ¿cómo podré pagarte lo que haces por mí? Y el
viento contestó algo burlón: sirviendo de veleta para indicar a los hombres
de donde soplo y cual es mi dirección.
Y desde entonces podemos ver en muchos edificios que un gallo que debió ser
también orgulloso paga su soberbia haciéndoles este servicio a los hombres.

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