El origen de este monasterio, situado en la vega de Río
Badiel, se pierde en la Alta Edad Media visigoda. Gundeamaro en el año 611
comenzó a edificar el primitivo monasterio, alrededor de la ermita llamada
de Sopetrán, ya por entonces.

Su quinta y definitiva fundación tuvo lugar en 1372 como monasterio
benedictino. La familia de los Mendoza, y en particular el Marqués de
Santillana, protegió decididamente este cenobio, de cuya época de
esplendor hay en el Museo del Prado unas importantísimas tablas
hispano-flamencas del siglo XV en que aparece un retrato del propio
Marqués de Santillana o de su hijo el primer Duque del Infantado.

Se conservan parte de los muros exteriores. En el extremo norte estuvo
la Iglesia, de la que sólo quedan las cuatro enormes basas del crucero, y
algunos restos de claves y nervios de la bóveda caídos por el suelo.
En la que parece fue antigua Sacristía, situada en el ángulo noreste
del edificio principal del monasterio se aprecian arranques de bóveda
nervada de tradición hispánica, es decir no cruzándose los nervios de su
centro, como sucede en la Mezquita cordobesa (Al-Hakam). El paso de la
planta cuadrada a la octogonal se hace por medio de formas aveneradas,
solución ya renacentista.

El claustro se comenzó en el siglo XVII, siendo abad fray Alonso Ortiz.
Consta de dos arquerías superpuestas, sostenidas por recia columnata la de
abajo y algo más ligera la superior, dentro de un estilo toscano,
puramente clasicista, muy herreriano. Es la pieza artística que mejor se
conserva y que confiere todo el valor de riqueza espiritual que hoy tienen
las ruinas de sopetrán.

Declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento por
decreto 10/1994 de 1 de febrero de la Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha.

Durante los años 70, antes de ser declarado Bien de Interés Cultural,
su propietario realizó obras con el fin de restaurarlo y convertir el
monasterio en residencia de ancianos, también construyó en la finca una
hospedería. A su fallecimiento donó toda la finca a una congregación
religiosa para que terminara la obra que comenzó.
En la década de los 90 intentó instalarse en el Monasterio Proyecto Hombre
y contó con el rechazo de muchos habitantes de los pueblos del alrededor
que decidieron comprar el Monasterio creando la Coordinadora Monasterio de
Sopetrán, SA. Los benedictinos volvieron al
monasterio durante unos años y rehabilitaron la hospedería que funcionaba
también como lugar de actividades culturales y como iglesia, creando una
actividad social importante alrededor del monasterio. A su marcha
volvieron a dejar el monasterio y su entorno en un profundo silencio. Los
propietarios intentaron buscar salidas a la finca, por un lado arrendando
la hospedería y por otro buscando compradores. Actualmente una sociedad
se ha hecho cargo de la Coordinadora mientras que la hospedería sigue
su camino por su cuenta como hotel-restaurante.

Hospedería junto a la carretera
Junto al monasterio hay un molino movido por las aguas del Badiel.